King Alfred and the Beggar / El rey Alfredo y el mendigo

Una vez los daneses le echaron al rey Alfredo de su tierra y tenía que esconderse por mucho tiempo en una isla en medio de un río.

Un día todos los que estaban en la isla, salvo el rey, la reina y un sirviente, salieron a pescar. Era un lugar muy aislado, y nadie podría haber llegado salvo por barco. Sin embargo, hacia el mediodía un mendigo harapiento llegó a la puerta del rey, y le pidió algo de comer.

El rey le llamó al sirviente y le preguntó, “¿Cuánta comida tenemos en la casa?”

“Señor,” dijo el sirviente, “Nomás tenemos una pieza del pan y uenglish-school-king-alfred-and-the-beggarn poquito de vino.”

Entonces el rey le dio gracias a Dios, y dijo, “Dele la mitad del pan y vino a este pobre hombre.”

El sirviente hizo lo que se le mandó. El mendigo le agradeció al rey por su acto de generosidad y se fue por su lado. En la tarde regresaron los hombres que habían salido a pescar. Tenían tres barcos llenos de peces, y dijeron, “Hoy hemos atrapado más peces que en todos los otros días que hemos estado en esta isla.”

El rey se puso alegre, y él y su gente tenían más esperanza que nunca.

Al anochecer, el rey se quedó despierto por mucho tiempo, y pensaba en todo lo que había pasado durante ese día. Al fin soñó que vio una gran luz como el sol; y en medio de la luz estaba parado un hombre viejo que tenía el cabello negro, llevando un libro abierto en la mano.

Tal vez todo fuera solo un sueño, pero de verdad al rey le parecía real. Lo miraba y se maravillaba, pero no tenía miedo.

“¿Quién es Ud.?”, le preguntó al hombre.

“Alfredo, mi hijo, sea valiente,” le dijo. “Soy yo él a quien este día Ud. le dio la mitad de toda la comida que tenía. Sea fuerte y alégrese el alma, y escuche lo que le digo. Por la mañana levántese temprano y toque el cuerno tres veces, tan alto que puede que los daneses lo oigan. Para las nueve, quinientos hombres estarán consigo, a sus órdenes para la batalla. Salga adelante con valor, y dentro de siete días sus enemigos serán vencidos, y Ud. regresará a su tierra y reinará en paz.”

Entonces la luz se apagó, y no volvió a ver el hombre.

Por la mañana el rey se levantó temprano, y cruzó al continente. Después tocó el cuerno tres veces muy alto; y cuando sus amigos lo oyeron, se alegraban, pero a los daneses se metía el miedo en el cuerpo.

Para las nueve, quinientos de sus soldados más valientes estaban a su lado listos para la batalla. Les contó lo que había visto y escuchado en su sueño; y cuando se acabó, todos le aclamaban con entusiasmo, y le aseguraban que le seguirían y lucharían por él siempre y cuando tenían la fuerza.

Así que salieron valientemente a la batalla; y vencieron a los daneses y les hicieron regresar a su propio país. Y el rey Alfredo reinó con sabiduría y bondad sobre todo el pueblo por el resto de la vida.

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