El rey Alfredo y los pastelitos / King Alfred and the Cakes

I have been very busy over the past few months launching a new part-time language school in my little hometown! I am feeling so proud of myself for getting out into the community and trying something new. In the meantime, I thought I would share one of my translation projects in case anyone would like to read this lovely version of King Alfred and the Cakes as written by James Baldwin in Fifty Famous Stories Retold. Enjoy!

El rey Alfredo y los pastelitos

Hace muchos años vivía en Inglaterra un buen y sabio rey llamado Alfredo. Nunca ha hecho ningún hombre tanto por su país tal como él; y hoy en día la gente por todo el mundo le llama Alfredo el Grande.

En esos días un rey no tenía una vida muy tranquila.  El país era casi siempre en estado de guerra, y ningún otro podía mandar a los soldados en las batallas tan bueno como él. Así que, entre el reino y la guerra, se quedaba muy ocupado de verdad.

Un pueblo feroz y grosero, llamado los daneses, había cruzado el mar y estaban luchando contra los ingleses. Había tantos, y eran tan valientes y fuertes, que por mucho tiempo ganaban todas las batallas. Si seguían así, muy pronto se harían amos de todo el país.

Por fin, después de una gran batalla, el ejército inglés fue desmantelado y esparcido. Cada hombre tenía que salvarse de cualquier manera que pudiera. El rey Alfredo huyó solo, con mucha prisa, por los bosques y los pantanos.

De noche el rey llegó a la choza de un talador. Estaba muy cansado y tenía mucha hambre, y le rogó a la esposa del talador que le diera algo de comer y un lugar donde dormir en su choza.

La mujer horneaba unos pastelitos sobre la chimenea, y ella le tenía piedad al pobre hombre que parecía tener tanta hambre. No tenía ni idea que él era el rey.

“Sí,” le dijo, “yo le daré la comida si usted cuidará de estos pastelitos. Quiero salir a ordeñar la vaca; y usted debe asegurar que no se quemen mientras no estoy.”

El rey Alfredo estaba muy dispuesto de cuidar de los pastelitos, pero tenía que pensar en cosas más grandes e importantes. ¿Cómo iba a reunirse con sus soldados? Y, ¿cómo iba a echarles a los daneses feroces fuera de su país? Se olvidó del hambre; se olvidó de los pastelitos; se olvidó que estaba en la choza del talador. La mente estaba ocupada planeando para mañana.

En un rato regresó la mujer. Los pastelitos echaban humo en la chimenea. Se habían quedado achicharrados. Ay, ¡qué tan enojada estaba ella!

king alfred cakes“¡Inútil”, gritó, “¡Mira lo que has hecho! ¡Quieres algo de comer, pero no quieres trabajar!”

Se me ha dicho que hasta le pegó al rey con un palo, pero no puedo creer que fuera tan malhumorada.

El rey debe de haber reído por ser regañado de esta manera; y tenía tanta hambre que no le molestaba las palabras enojadas de la mujer tanto como la pérdida de los pastelitos.

No sé si él comió algo esa noche, o si tenía que dormirse sin comer. Pero no pasaron muchos días hasta que se había reunido con sus soldados de nuevo, y les había ganado a los daneses en una gran batalla.

 

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